lunes, 22 de febrero de 2016

PIERRE BOURDIER Formación de precios y previsión de beneficios

El autor realiza una metáfora para explicar el intercambio lingüístico comparándolo con el mercado económico, realizando una especie de analogía entre ambos. Equipara el signo lingüístico con el capital económico, que es el desencadenante del discurso. El capital lingüístico a diferencia del económico no es material sino que es simbólico o cultural. El intercambio lingüístico se lleva a cabo en una relación simbólica de fuerzas entre un productor y un consumidor, no es algo amable sino que implica lucha de poder y posicionamiento por imponer el sentido y por adquirir creencia y autoridad en un determinado mercado donde expongo mi producto (discurso). El discurso no es solo un signo destinado a ser comprendido, sino que es un signo de riqueza destinado a ser valorado y apreciado, y un signo de autoridad destinado a ser creído y obedecido. No se trata de imponerlo a la fuerza, sino que se trata de adquirir creencia y autoridad haciendo buen uso del capital simbólico o cultural, ya que donde no hay creencia no hay autoridad. El poder en el vinculo se da por la creencia en el otro, que se da no solo por el intercambio concreto, sino por todo el contexto social, el mercado en el que me desenvuelvo, la institución que me este avalando.
La lengua no funciona solo como un instrumento de comunicación para transmitir determinada información, sino que se trata de una búsqueda de beneficio simbólico, porque manejamos el capital cultural según el contexto, según el mercado en el que nos desenvolvamos. Esto tiene que ver con saber manejar los códigos y conocer las sanciones de mercado. El hablar no es inocente sino que es tomar una posición en el mundo, cuando hablamos mostramos quienes somos y que postura tenemos, no solo comunicamos una información, pongo en juego mis saberes culturales adquiridos en la experiencia, mi posición social, mi capacidad y ductilidad hacia las formas de hablar, desenvolverme, actuar según el contexto.

El discurso cobra valor en relación con un mercado, un contexto y situación determinados, que se caracterizan por leyes de formación de precios, por esta lucha de fuerzas entre las competencias lingüísticas de los locutores. La misma se determina no solo por esas competencias lingüísticas sino que es toda la estructura social la que entra en juego y esta presente en la interacción y en el discurso. Esta competencia lingüística que utilizo para obtener la autoridad y la creencia no es una simple capacidad técnica, porque no se trata solo de saber manejar el idioma o el contenido para poder imponer la autoridad, sino que se trata de saber hacer buen uso del capital simbólico o cultural, de conocer los códigos y las leyes del mercado. Esto se relaciona con la anticipación de beneficios, con preveer al otro y a las características que el mercado tenga. Porque si me puedo anticipar a ese otro, si conozco los códigos, las leyes y reglas que dan legitimidad en ese mercado voy a poder obtener mayores beneficios, voy a poder autocensurarme, saber que decir y que  no, como decirlo, que lenguaje utilizar, según cada situación. Para poder tener un valor alto frente al otro, para poder adquirir autoridad y creencia en ese mercado me tengo que anticipar. Esta anticipación se relaciona con mi capital simbólico o cultural, que no es solo conocimiento técnico sino que se forma a través de todas las vivencias del sujeto y de la forma en que incorpora las estructuras sociales (habitus). Este capital simbólico es el que me va a permitir anticiparme al otro a las sanciones del mercado, a las condiciones de recepción del mismo. Esto va a determinar mi discurso, el código que utilice para obtener legitimidad, la forma en que me mueva y actúe en ese mercado para tener la creencia del otro y adquirir el poder, para poder tener una posición dominante en la situación discursiva. Tener legitimidad implica saber manejar el lenguaje según el contexto, los códigos y el capital cultural. La imposición simbólica funciona no solo por las competencias lingüísticas del discurso, sino también por todas las condiciones sociales exteriores a la misma.

Si conozco de antemano las condiciones de recepción me puedo anticipar para tener un valor alto frente al otro. Esta anticipación que realizo va a determinar las características que mi discurso tenga. La anticipación es consecuencia de un HABITUS lingüístico, que es el proceso interno donde se unen las estructuras sociales con lo individual del sujeto, la manera en que el sujeto incorpora esas estructuras para reconocerlas. Incorporamos estructuras sociales generando estructuras internas que nos permiten percibir comportamientos y características de la vida social. Internalizamos esquemas de acción y percepción. Sin embargo no todos incorporamos de la misma manera las estructuras sociales, sino que lo hacemos de una manera subjetiva, produciendo una forma de pensar, mirar el mundo, comportamiento individual, no hay una única mirada, sino que le imprimimos nuestra particularidad (homogeneidad de lo social y heterogeneidad de lo individual). Si bien compartimos las estructuras sociales, somos todos distintos entre si.

Cada situación, contexto, es un mercado lingüístico diferente, que tiene sus leyes, sus sanciones, sus emisores y receptores legítimos, y estas características cambian mucho de un mercado a otro, por lo cual lo importante es saber como manejarnos en cada mercado para poder obtener beneficios. El intercambio lingüístico implica una lucha por imponer sentido a las cosas, donde cada uno expone su capital cultural. El anticiparse al otro para buscar el beneficio produce una censura y autocensura que determina la manera de hablar, la elección del lenguaje, el nivel del mismo, saber que decir y que no, como decirlo, ubicarse en la situación y saber manejar los códigos. Todo aspecto de la vida esta relacionado con el aprendizaje y cuanto mejor conozcamos los códigos vamos a poder obtener mas beneficio. El poder es lo que te diferencia culturalmente.

Bourdier enfoca el tema de la comunicación pensando al sujeto en su relación con la sociedad, con las estructuras sociales. El habla es un intercambio en donde se ponen en juego los saberes, la posición social que tengo, la capacidad de entender las significaciones dadas según mi capital simbólico. El intercambio es concreto, aquí y ahora, y el otro es tan importante como uno porque implica lo que voy a decir. Estas relaciones humanas y el intercambio lingüístico implican relaciones de PODER. No es una imposición a la fuerza sino que se relaciona con el binomio AUTORIDAD-CREENCIA. Cuanta más capacidad cultural tenga, más capacidad tendré para la ANTICIPACION DE BENEFICIOS. Capacidades de conocer a ese otro, de saber como moverme y como hacer buen uso del capital simbólico ante ese otro.
No puedo hablar de cualquier manera en cualquier contexto, porque hay cuestiones que entran en juego en el intercambio lingüístico y que implican capacidades, hacer buen uso del capital simbólico. No es solo un saber técnico porque cuando hablo no solo transmito información, digo todo lo que soy, lo que pienso, lo que creo, etc. Esto se da en todos los ámbitos de la vida social, el intercambio lingüístico es una lucha de posicionamiento y poder.

LENGUAJE LEGÍTIMO En los distintos mercados es distinto el lenguaje que da legitimidad. Puedo manejar el lenguaje que da legitimidad en un mercado, y no en otro. Se trata de conocer los códigos de los diferentes mercados para poder beneficiarme. En cada mercado hay determinadas reglas y sanciones que legitiman.

Puede haber además SIGNOS QUE LEGITIMEN que nos dicen algo más que una función, relacionándolo con Barthes y su concepción del objeto en la vida cotidiana. Estos avalan la creencia del otro, la estimulan, es un plus que da mas poder al sujeto dominante de la situación discursiva. Estos signos legitiman la autoridad.


Ø  LEYES O SANCIONES DE MERCADO: Preveer al otro, códigos, legitimidad

Ø  CENSURAS DE SANCIONES DE MERCADO / AUTOCENSURA: Saber que decir y como decirlo. Vivir ubicándonos en cada contexto y situación para la obtención de beneficios. Conocer las valoraciones para poder elegir.

Ø  CAPITAL SIMBOLICO: Saber manejarme en cada situación. Va mucho mas allá del conocimiento practico concreto. Tiene que ver con experiencias vivenciales y movilidad social.

Ø  HABITUS:  Estructuras que estructuran al sujeto. Incorporamos a los largo de la vida estructuras que estructuran nuestra forma de pensar y de actuar en el mundo. Manejamos este habitus en nuestro discurso. Las estructuras son instituciones de poder de las cuales uno se apropia inconscientemente. Uno valoriza y construye la ideología a través de instituciones de poder. Uno se estructura, es atravesado, esta construido, no somos absolutamente libres desde una absoluta subjetividad. Podemos modificar las estructuras, pero por ser parte de la cultura somos constituidos, creemos ciertas cosas porque nos fueron construyendo para que tengamos determinadas ideas. Cuando hablamos mostramos quienes somos y como fuimos estructurados, develamos nuestro valor, nuestro capital simbólico, nuestro habitus.    

Ø  NEGOCIACION – LUCHA POR EL SENTIDO:  Buscar una posición privilegiada, una posición dominante en el discurso. La autoridad se construye en base a la creencia y la legitimación, aquí esta el verdadero poder.  Si manejo bien el capital simbólico puedo dominar en determinadas situaciones, detentar el poder.


Ø  ANTICIPARSE:  Visualizar quien es ese otro y el mercado a quien muestro mi producto. Características de las situaciones. Analizar el mercado para buscar destacarme. Si manejo el mercado en el que me voy a mover voy a obtener beneficios.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Edición final TP.




Etapa 02 - Leonor Arfuch (Presentación y Capítulo 1) Roland Barthes y Mijaíl Bajtín.

  
En el transcurso de estas líneas se intentaran desarrollar una serie de ideas acerca de la problemática sígnica que presentan los objetos atenientes a la carreras proyectuales (ARQ, DG, DIyS) es decir haciendo hincapié principalmente en material gráfico pero sobre todo de carácter visual que configuran y hacen a los espacios de circulación y acceso (escaleras y pasillos) en torno al Pabellon III de la FADU, como conviven con otros objetos y en especial la relación que presentan con los usuarios (lectores/receptores) Docentes, Alumnos, Comerciantes, etc. En esta primera instancia el relato estará atravesado por los conceptos e ideas desarrollados por Roland Barthes, Mijaíl Bajtín y Leonor Arfuch, de manera tal que en conjunto nos den una visión más amplia respecto del sentido de los objetos, la comunicación, los géneros discursivos, etc. 
 

Circulando en la FADU


Como en cualquier ámbito publico o urbano (aunque en menor medida tampoco escapa del privado) en este caso la FADU, nos vemos rodeados de objetos, somos seres que al entrar en un espacio nos sumergimos en una marea de estímulos visuales que nos arrastra consigo en las redes del sentido. A veces más activos o ruidosos, llamativos, histriónicos o por el contrario que nos hablan susurrando más sutiles que se confunden y mimetizan en el entorno pasando inadvertidos, en definitiva sean unos u otros batallan entre si para captar nuestra atención apelando a los recursos más variados comparables solo con la misma naturaleza heterogénea de los mismos; temáticas abordadas, estilos y modos de composición distintos pero que sin embargo guardan una condición común a todos los enunciados, a todos los géneros discursivos - su esencia basada en el uso de la lengua como acto social.

Nada escapa al lenguaje en tanto convención de una sociedad es un elemento que arbitra prácticamente en todos los sistemas de comunicación y por ende en todos los campos donde el hombre se desenvuelve, así al entender este punto la concepción de una cultura de la imagen que algunos autores plantean quedaría fuera de juego. Además como construcción social es irremediablemente ideológico por tanto todo enunciado, todo diseño esta atravesado por el lenguaje y por una ideología. Sin embargo en estos objetos/enunciados como construcciones visuales el lenguaje convive con otros sistemas de significación, códigos formales, cromáticos, dimensionales, de posicionamiento en el plano, etc volviéndolo así más flexible en comparación con los enunciados orales donde permanece más estático.


Cualquiera que haya circulado en el Pabellón III  sabe de la amalgama de enunciados por ende de discursos que se encuentran en sus paredes y la convivencia un tanto caótica entre ellos. Su naturaleza diversa nos permite hacer distinción de ellos construyendo clasificaciones ya que se mantienen una serie de características medianamente estables de temática/estilo/composición que en cierta forma ordenan mínimamente el caos visual al que estamos sometidos.

Afiches políticos que en épocas de elecciones se diseminan excediendo las paredes de los pasillos y escaleras, publicidades de servicios (cursos, clases de apoyo, construcción de maquetas, alquileres de equipos, cámaras, tableros, iluminación), publicidad con contenidos varios (espacios culturales, conciertos,) muchas veces agrupados en sectores a modo de carteleras, señalética (baños, aulas, puntos de interés) y grafica institucional (bedelia) en recuadros, grafitis que a partir del programa dicen las paredes se agrupan en las escaleras pasando a formar parte del paisaje particular de la FADU respecto de otras facultades, carteles políticos


Así se entiende a los espacios de circulación y acceso como espacios de convivencia de múltiples discursos, palabras, imágenes, objetos cada uno hablando desde posturas diferentes más o menos autorizadas, comunicando a su manera o mejor dicho significando ya que la comunicación va más allá de la mera transmisión de información, haciendo uso de  géneros discursivos diferentes y entendiendo que esta convivencia solo es posible por el contexto donde se da: la FADU pública, laica, gratuita, abierta ideológicamente, su actividad proyectual, como ámbito social donde los discursos están directamente relacionados con la praxis y donde la actividad misma de los profesionales que surgirán pasara por la construcción de enunciados y objetos.


Sin embargo este espacio no escapa a la naturalización de los objetos por la misma circulación diría de sujetos restringiendo muchas veces esos objetos a su uso y función- la propaganda política de los distintos partidos. El sentido va más allá, excede esta mera función en ellos residen y se desprenden otros sentidos (polisemia) que el autor conscientemente o no quiso transmitir ya que recordemos el sentido desborda al objeto, se escapa de él más allá de que el autor lo guíe. Así mismo cada destinatario interpretara de acuerdo a los saberes y competencias. Por ejemplo el uso del color rojo o la cara del Ché, asociado al comunismo, el pueblo, la lucha social o el efecto trash en el trazado de las letras nos puede hacer pensar que fueron realizadas con apuro o a través de ese gesto más espontaneo la demostración de una actitud combativa,  reaccionaria, de protesta permitiéndonos con ello ver la expresividad del enunciador. Otros formatos, otros discursos más rígidos por ejemplo la señaletica no permiten esta expresividad ya que se encuentran sujetas a normas de estilo y composición más estratificadas.


Más allá de la comunicación como transmisión transparente de mensajes, del diseño como arte asociado a la inspiración idílica y la creatividad el que hacer del diseñador y  la imagen sobre si mismo se ven claramente en los nuevos campos de acción que acapara el diseño desde tiempos de la AEG alemana y el auge de las empresas de 1960 en EE.UU. fueron entrando en la cartera de trabajo del diseño bajo la idea de identidad visual o corporativa. Entendemos que esta actividad va más allá de la síntesis de las características de la entidad (empresarial/cultural/social) en un isologo, son todos los aspectos que entran en juego, pero  tampoco cabria que bajo esa unificación la incumbencia del diseñador se limitara a la transferencia de sus saberes, a las técnicas de representación aplicadas transformándose así en estilista de las formas; se debería involucrar más, tomar una postura crítica y reflexiva sobre su hacer que en definitiva hará distinguirse de otros construyendo su propia identidad nuevamente por oposición cobrando mayor valor su actividad.

El diseño esta presente, invade todos los ámbitos de la vida; plural y complejo por todos los otros códigos que maneja más alla del lenguaje, posibilitando una combinatoria y articulación de elementos más extensa resignificando y resemantizando.





Etapa 03 - Leonor Arfuch, (Capítulos 2 y 3) John Austin y Pierre Bourdieu



En esta etapa se abordaran algunos de los conceptos desarrollados por John Austin (performatividad del lenguaje), Pierre Bourdieu (mercado, capital simbólico, previsión de beneficios) y la interpretación de Leonor Arfuch sobre la noción de dialogismo introducida por Bajtin más los propios (negociación del sentido, receptor activo, intercambio simultáneo) estableciendo a modo de punteo relaciones de convivencia entre los diversos objetos/discursos y  los usuarios para adentrarnos más en los espacios de circulación y acceso.


En un ámbito tan activo y dinámico como el Pabellon III no sorprende la diversidad objetos que conviven diseminados en cualquier superficie capaz de soportarlos. Rodean a diario a los usuarios que de una u otra manera interactúan con ellos. Lo que llama la atención es el hecho de que en alguna forma son los afiches  (sean políticos, informativos, publicitarios) contenedores de discursos específicos los que en mayor medida pueden activar múltiples lecturas ya que el sentido del discurso no es algo univoco y no está dado solamente por el mensaje, sino que es algo que se negocia, producto de la tensión entre la significación que se propone y la apropiación que realiza el receptor. Una negociación entre lo que el mensaje significa y las posibles lecturas que suscita. Los pequeños carteles con la frase  -Yo defiendo la educación pública- abre el juego de interpretaciones tanto a posturas politicas como a convicciones sobre la eficacia de los programas educativos estatales.  

La noción de dialogismo aportada por Bajtin considerando el papel fundamental del otro en la producción del discurso, ese intercambio simultáneo que se da entre los actores y donde solo en la circulación se completa el sentido aporta una versión más real de la comunicación haciendo hincapié en el uso del lenguaje como configurador del mundo y enlace mediante el cual el hombre se relaciona con él, está directamente relacionada al Hacer Cosas con Palabras y a la performatividad del lenguaje desarrolladas por  Austin.


Así todos los discursos entorno a las escaleras hacen algo, generan reacciones, se espera una respuesta por más mínima e insignificante que sea. Los grafitis transmiten ideas políticas o concepciones del mundo por ej: vegan y el símbolo de un corazón haciendo alusión a la postura alimentaria vegetariana compartida por un grupo no menor dentro del ámbito académico. Las publicidades exponen servicios útiles, oportunidades de compra de diferentes artículos y por su formato con esos pequeños tickets posible de arrancar posibilitando agendar el número telefónico o dirección del local reflejan la inmediatez con la que tienen que responder y la dinámica con la que se mueven los alumnos. También posibilitando en los momentos entre clases sin actividad académica concreta, sentados tomando un café volver la mirada hacia estos conglomerados de anuncios y opinar acerca de los diseños utilizados, usos tipográficos, etc.

Si o si generan efectos y salen a la luz los tres actos presentes en todo el lenguaje y en todo enunciado como configuradores.

Alocucionario: un pintada en una pared de unos cuantos signos, una sigla, un garabato con simbología skater a pesar que no entendamos con claridad que significan en todos ellos al menos desciframos que tienen formas de letras o hacen alusión a ellas, hay un mínimo de sentido.

Ilocucionario:  los carteles políticos que ponen foco en la acción directa del enunciado, el ir a votar a ese partido tras conocer su propuesta donde cobra vital importancia la postura que se toman para enunciar, el tono utilizado, más cómplice o distante/objetivo, etc

Perlocucionario:  con foco en los efectos que se generan tras la enunciación. Los cuadros con esquemas, planos, plantas, volumetrías de distintas construcciones nos retrotrae a épocas pasadas de la FADU en su etapa fundacional, da cuenta de los referentes arquitectónicos entonces vigentes, del trabajo aplicado de ciertos arquitectos son en si mismas piezas que activan la memoria y el paso del tiempo con el efecto de la luz que pone amarillo el papel y el hecho de que no dejan de ser ilustraciones y no ploteos.


En todos estos ejemplos salta a la vista nuevamente la heterogeneidad. Cada discurso está destinado a un mercado particular y así nos adentramos de lleno en las teorias de Bourdieu. Todo enunciado performa también todo enunciado se crea por y para un otro. En terminos de Bourdieu este otro es el mercado (cualquier posible destinatario) que según el contexto entenderá mejor ciertos mensajes que otros por tener compartir las mismas competencias con el enunciador, por un poseer un capital simbólico similar; escenario caracteristco de la posmodernidad donde cobran mayor importancia la mirada subjetiva, la marca del autor posibilitando que no todos comprendan algunos mensajes y solo compartiendo ese capital descifrar la totalidad de los mismos. El bajo relieve con pequeñas cabezas del 3er piso puede ser interpretado como un homenaje y recuerdo hacia los desaparecidos  bajo el régimen militar y sino se tiene ese saber no hay una lectura completa. Aquí el lenguaje y los códigos utilizados traen consigo toda la carga histórica e ideológica, las voces de los otros que crearon discursos anteriores, la polifonía se hace visible; otras identidades se intersectan y forman parte de la propia del autor de esa obra.

Traspolando la capacidad de transformar/construir sobre el mundo si para Austin todo enunciado performa, para Bourdieu podríamos decir que todo mercado performa, ya que en cierta forma el carácter de ser destinado a otro en última instancia es el motor para generar enunciados y que con su imagen ejerce presión  sobre el enunciador que modulara la construcción del enunciado según las características propias del mercado y el contexto entendiendo la posibilidad de malentendidos y lo ingobernable del sentido y de que independientemente de los códigos y recursos utilizados no existen buenos o malos contenidos sino más bien formas distintas y en todo caso cuestionables de abordar un tema. 

Etapa 04 - Guy Gauthier y Leonor Arfuch


En esta última etapa nos basamos en el textos de Guy Gauthier, El trabajo de la Imagen: Una Lógica. Guy Gauthier hace una comparación entre los enunciados visuales y los lingüísticos, y retoma a Austin sobre lo performativo de la imagen. Plantea que el enunciado visual es débil o mejor dicho limitado a la hora de constatar, debido a que hay situaciones negadas para la imagen, como por ejemplo la conjunción, la disyunción, la causa y efecto, causa-consecuencia. La misma no es literal, no denota la realidad, aunque tengamos esto naturalizado, no representa sino que construye, y se termina de construir en la lectura de la misma. Así mismo provoca efectos a largo plazo (trabaja performativamente). Tomando estas teorías e ideas sobre la comunicación de la imagen, al circular por el pabellón tres de ciudad Universitaria nos encontramos con dichos enunciados (visuales y lingüísticos). Estos se encuentran planteados en las imágenes fijas que conviven entre sí, y que a su vez poseen diferentes características, por ejemplo los carteles políticos, cartel de la memoria, los grafitis, los cuadros institucionales y arquitectónicos que se encuentran en los puntos de acceso de los diferentes niveles (pisos), escaleras, ascensores, etc.
El mencionado cartel de la memoria, compuesto por fotos de los desaparecidos en la última dictadura militar que atravesó nuestro país, cuyo tamaño supera a los demás, se encuentra colgado desde el balcón que da al patio central, dándole una importancia y una presencia mucho mayor que los demás. Este cartel toca un punto importante que el autor hace referencia, y es la cuestión de la temporalidad de la imagen, aunque recreamos el enunciado desde el presente, la imagen se produjo en el pasado.

En la imagen funciona perfectamente esto que Gauthier menciona, vemos la imagen en tiempo presente, ya que rememora cuestiones y hechos importantes que no deberíamos olvidar y esta capacidad de transcribirse en un aquí y ahora, toma fuerza para hacer que la memoria se vuelva actual y activa en nosotros. Cuando la imagen llega al conocimiento del observador, ésta ya ha pasado necesariamente por lo/los enunciador/es, por lo cual el observador puede sustituirlo y vivir la imagen en presente, o asumir su papel de observador y vivirla en pasado.
La imagen emplea frecuentemente más energía que el habla, para este caso tomamos como ejemplo a los grafitis, obras de arte como pinturas y cuadros arquitectónicos institucionales (dibujos de edificios, planos de plantas y obras de arte) que se encuentran en las escaleras y pasillos del edificio. En ellos podemos observar la complejidad de los gestos del dibujante, el comportamiento físico del fotógrafo a la hora de tomar las imágenes, que dan más valor al acto de enunciación visual. Aunque presentes, estos rasgos no dan presencia atestiguada del enunciador, salvo que pasemos al plano del estilo. Las imágenes se vuelven más pregnantes que la palabra escrita, o sea que captan mas nuestra atención, y de hecho se pueden perturbar en el instante de su ejecución pero finalmente nos remiten fuera de ellas, a ejercer nuestro funcionamiento visual, capacidad de abstracción, experiencia lógica, cultural e histórica. Estas imágenes son las que están destinadas a dar dinero o gloria a su autor.

Toda Imagen puesta en circulación está destinada a convencer, las propagandas de partidos políticos tales como la Coneau, la Reforma, Coalición, etc, hacen que se generen diferentes posturas a la hora de decidir sobre los distintos usos cromáticos de los afiches, los formatos, tipografías, estructura y de ubicación que cada uno emplea en el espacio a la hora de elecciones y convocar adeptos al partido.
Siendo consecuentes en este sentido la imagen es un enunciado constativo débil y es en cambio un enunciado performativo de acción ampliamente diferida y con rendimiento incierto. Las posibilidades constatativas de la imagen son limitadas, su nivel de denotación es limitado, la negación no puede ser introducida en la imagen. Esta puede interpretarse pero es cultural, tiene que ver con códigos culturales aprendidos, convenciones sociales que entendemos por nuestras vivencias y nuestra experiencia.Todos estos conceptos son utilizados por los partidos a la hora de convencernos, de querer llamarnos la atención, con frases o dibujos provocativos. El uso de colores es identitario de cada uno y termina siendo a largo plazo una marca, una huella que nos queda impregnada.


Se conecta con esto último, el segundo texto al cual referimos que es el de Leonor Arfuch, Problemáticas de la identidad.
La identidad sería entonces no un conjunto de cualidades predeterminadas, (raza, color, sexo, clase, cultura, nacionalidad, etc.), sino una construcción nunca acabada abierta a la temporalidad, a los sucesos, solo temporariamente fijada en el juego de las diferencias, tan características y participativas que hacen identitarios a cada partido, el uso cromático, la puesta en escena de objetos y dibujos, símbolos e identidad tipográfica. Esta identidad tan democrática suele tener su contra al generar sectorizaciones.
No hay entonces identidad por fuera de la representación, es decir de la narrativización de cada partido, individual o colectivo. En este punto la cuestión reencuentra el concepto de Hobsbawm de “invención de la tradición” más que la “tradición” en términos propios.
Esa dimensión narrativa simbólica de la identidad, el hecho de que esta se construya en el discurso y no por fuera de él, coloca la cuestión de la interdiscursividad social, de las prácticas y estrategias enunciativas en un primer plano, las cuales vemos renovadas en cada elección informando sobre nuevas luchas y proyectos.
Asumiendo la dimensión narrativa / discursiva como configurativa de la identidad, se problematiza su “transparencia”, la tendencia a la naturalización, al asumirlo como un objeto dado, mero soporte de la argumentación. Por el contrario, y en particular en relación a la identidad de cada uno de los partidos políticos, estos adquieren una gran densidad significantes los léxicos, inflexiones, registros, jergas y tonalidades.
La dimensión performativa del lenguaje así como la operación misma de la narración como puesta en sentido (espacio / temporalización, puntos de vista, despliegues de la trama) son asimismo decisivas en toda afirmación identitaria y por ende, en todo intento analítico de interpretación.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Estapa 4: El trabajo de la Imagen: Una Lógica. Guy Gauthier - Problemáticas de la identidad, Leonor Arfuch,

Etapa 04: En esta última etapa nos basamos en el textos de Guy Gauthier, El trabajo de la Imagen: Una Lógica. Guy Gauthier hace una comparación entre los enunciados visuales y los lingüísticos, y retoma a Austin sobre lo performativo de la imagen. Plantea que el enunciado visual es débil o mejor dicho limitado a la hora de constatar, debido a que hay situaciones negadas para la imagen, como por ejemplo la conjunción, la disyunción, la causa y efecto, causa-consecuencia. La misma no es literal, no denota la realidad, aunque tengamos esto naturalizado, no representa sino que construye, y se termina de construir en la lectura de la misma. Así mismo provoca efectos a largo plazo (trabaja performativamente). Tomando estas teorías e ideas sobre la comunicación de la imagen, al circular por el pabellón tres de ciudad Universitaria nos encontramos con dichos enunciados (visuales y lingüísticos). Estos se encuentran planteados en las imágenes fijas que conviven entre sí, y que a su vez poseen diferentes características, por ejemplo los carteles políticos, cartel de la memoria, los grafitis, los cuadros institucionales y arquitectónicos que se encuentran en los puntos de acceso de los diferentes niveles (pisos), escaleras, ascensores, etc.
El mencionado cartel de la memoria, compuesto por fotos de los desaparecidos en la última dictadura militar que atravesó nuestro país, cuyo tamaño supera a los demás, se encuentra colgado desde el balcón que da al patio central, dándole una importancia y una presencia mucho mayor que los demás. Este cartel toca un punto importante que el autor hace referencia, y es la cuestión de la temporalidad de la imagen, aunque recreamos el enunciado desde el presente, la imagen se produjo en el pasado.
En la imagen funciona perfectamente esto que Gauthier menciona, vemos la imagen en tiempo presente, ya que rememora cuestiones y hechos importantes que no deberíamos olvidar y esta capacidad de transcribirse en un aquí y ahora, toma fuerza para hacer que la memoria se vuelva actual y activa en nosotros. Cuando la imagen llega al conocimiento del observador, ésta ya ha pasado necesariamente por lo/los enunciador/es, por lo cual el observador puede sustituirlo y vivir la imagen en presente, o asumir su papel de observador y vivirla en pasado.
La imagen emplea frecuentemente más energía que el habla, para este caso tomamos como ejemplo a los grafitis, obras de arte como pinturas y cuadros arquitectónicos institucionales (dibujos de edificios, planos de plantas y obras de arte) que se encuentran en las escaleras y pasillos del edificio. En ellos podemos observar la complejidad de los gestos del dibujante, el comportamiento físico del fotógrafo a la hora de tomar las imágenes, que dan más valor al acto de enunciación visual. Aunque presentes, estos rasgos no dan presencia atestiguada del enunciador, salvo que pasemos al plano del estilo. Las imágenes se vuelven más pregnantes que la palabra escrita, o sea que captan mas nuestra atención, y de hecho se pueden perturbar en el instante de su ejecución pero finalmente nos remiten fuera de ellas, a ejercer nuestro funcionamiento visual, capacidad de abstracción, experiencia lógica, cultural e histórica. Estas imágenes son las que están destinadas a dar dinero o gloria a su autor.
Toda Imagen puesta en circulación está destinada a convencer, las propagandas de partidos políticos tales como la Coneau, la Reforma, Coalición, etc, hacen que se generen diferentes posturas a la hora de decidir sobre los distintos usos cromáticos de los afiches, los formatos, tipografías, estructura y de ubicación que cada uno emplea en el espacio a la hora de elecciones y convocar adeptos al partido.
Siendo consecuentes en este sentido la imagen es un enunciado constativo débil y es en cambio un enunciado performativo de acción ampliamente diferida y con rendimiento incierto. Las posibilidades constatativas de la imagen son limitadas, su nivel de denotación es limitado, la negación no puede ser introducida en la imagen. Esta puede interpretarse pero es cultural, tiene que ver con códigos culturales aprendidos, convenciones sociales que entendemos por nuestras vivencias y nuestra experiencia.Todos estos conceptos son utilizados por los partidos a la hora de convencernos, de querer llamarnos la atención, con frases o dibujos provocativos. El uso de colores es identitario de cada uno y termina siendo a largo plazo una marca, una huella que nos queda impregnada.
Se conecta con esto último, el segundo texto al cual referimos que es el de Leonor Arfuch, Problemáticas de la identidad.
La identidad sería entonces no un conjunto de cualidades predeterminadas, (raza, color, sexo, clase, cultura, nacionalidad, etc.), sino una construcción nunca acabada abierta a la temporalidad, a los sucesos, solo temporariamente fijada en el juego de las diferencias, tan características y participativas que hacen identitarios a cada partido, el uso cromático, la puesta en escena de objetos y dibujos, símbolos e identidad tipográfica. Esta identidad tan democrática suele tener su contra al generar sectorizaciones.
No hay entonces identidad por fuera de la representación, es decir de la narrativización de cada partido, individual o colectivo. En este punto la cuestión reencuentra el concepto de Hobsbawm de “invención de la tradición” más que la “tradición” en términos propios.
Esa dimensión narrativa simbólica de la identidad, el hecho de que esta se construya en el discurso y no por fuera de él, coloca la cuestión de la interdiscursividad social, de las prácticas y estrategias enunciativas en un primer plano, las cuales vemos renovadas en cada elección informando sobre nuevas luchas y proyectos.
Asumiendo la dimensión narrativa / discursiva como configurativa de la identidad, se problematiza su “transparencia”, la tendencia a la naturalización, al asumirlo como un objeto dado, mero soporte de la argumentación. Por el contrario, y en particular en relación a la identidad de cada uno de los partidos políticos, estos adquieren una gran densidad significantes los léxicos, inflexiones, registros, jergas y tonalidades.
La dimensión performativa del lenguaje así como la operación misma de la narración como puesta en sentido (espacio / temporalización, puntos de vista, despliegues de la trama) son asimismo decisivas en toda afirmación identitaria y por ende, en todo intento analítico de interpretación.